Más allá de la ajustada victoria por 1-0: ¿qué le sigue faltando a los «Gunners»?
En el mundo del fútbol, hay más de una forma de ganar. La victoria del Arsenal por 1-0 a domicilio ante el Nottingham Forest quizás no haya sido la actuación más emocionante para sus aficionados, pero fue, sin duda, auténtica. Cuando los jugadores saltaron al campo en una noche lluviosa, vestidos de rojo y blanco —los colores que encarnan la fe del norte de Londres—Ofertas en camisetas de fútbol, sus equipaciones lanzaron un mensaje silencioso Camisetas Stadium Arsenal: no hace falta ganar por tres goles de diferencia; basta con asegurar los puntos. Se trata de su decimoctava victoria por un solo gol de margen en las dos últimas temporadas; una estadística que no es fruto de la casualidad, sino de una filosofía que Mikel Arteta ha inculcado profundamente en la plantilla: conceder poco, golpear en los momentos finales y proteger el resultado.
Sin embargo, el fútbol rara vez concede el lujo de una victoria cómoda. Aunque los triunfos por la mínima suman puntos, no logran ocultar cierta falta de contundencia en ataque. El Manchester City tiene a Haaland, el Bayern a Kane, el Real Madrid a Mbappé y el Barcelona a Yamal; los equipos de élite siempre cuentan con alguien capaz de romper un empate estancado. Al Arsenal no le faltan movilidad, fluidez en el juego ni solidez defensiva; lo que le falta es un auténtico «finalizador»: ese tipo de jugador que, en cuanto el balón llega a sus pies, siembra el pánico en el rival. No es que el equipo sea incapaz de marcar, sino que hacerlo resulta agotador, llega a menudo demasiado tarde y depende en exceso de destellos aislados de genialidad individual.
Esto plantea una interrogante: tras haber disputado el título de la Premier League y alcanzado la final de la Champions League la temporada pasada, ¿puede el Arsenal afrontar cuatro competiciones distintas apoyándose únicamente en una «filosofía del 1-0»? El margen de error en la Premier League es cada vez menor, y las eliminatorias de la Champions League no permiten la más mínima vacilación. Si la defensa es el chasis y el centro del campo el motor, la delantera es la hoja afilada que decide la conquista de los títulos. Si los «Gunners» quieren romper el ciclo de ser «muy fuertes, pero no del todo letales», su próximo momento de gloria no debería provenir únicamente de mantener la portería a cero; debería surgir de un remate certero y decisivo dentro del área.
